BAHÍA DE SANTANDER B: RÍA DE CUBAS

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LONGITUD: 4,5 km (ida).

ITINERARIO: Desde el embarcadero de Somo hasta que el río no nos deje navegar más por falta de calado a la altura de Cubas. El límite dependerá del coeficiente de marea y el ajuste de hora de la pleamar. El trayecto no presenta dificultad técnica. Salimos de Somo en la única dirección posible. Llegados al puente, giramos 90º hacia la izquierda y cruzamos perpendicularmente bajo el mismo por cualquier de sus huecos (en mareas vivas puede haber algo de corriente en ese paso). El primer largo es muy ancho por lo que pudiera desorientarnos algo, no hay más que “apuntar” hacia las montañas del horizonte, en la misma dirección perpendicular al puente y localizando una especie de “cabo” con eucaliptos que deberemos bordear dejándolo  a babor. Durante ese primer tramo por estribor podemos contemplar parte del campo de golf de Pedreña. El siguiente largo se supera en forma de curva, manteniéndonos algo cercanos a la ribera de babor porque en el centro hay un páramo con poco calado. La ría se va estrechando y el resto de largos no presentan dificultad alguna de orientación. En zona de juncos de orilla divisaremos el convento de las Trinitarias de Suesa. Los tramos finales presentan más aspecto de río, pues el curso se estrecha entre prados y acaba cubierto de arbolado, para mí se trata de la zona más bonita de todo el trayecto. Hay varios puntos donde desembarcar con facilidad para poder descansar. También podemos encontrar una isla que en condiciones normales se puede salvar por ambos ramales, aunque es más amplio el de la izquierda 8en el sentido de ascenso). El final dependerá de que nos quedemos sin calado, y de que queramos o no hacer algunos porteos, los cuales nos permiten sumar algunos tramos más, pero tan cortos que no merece mucho la pena.

 

EMBARQUE-DESEMBARCO: en el embarcadero de Somo, hay rampa de escaleras amplias para ello. Si coincidimos con alguna de las lanchas del servicio regular, basta con demorar unos minutos la maniobra. Otro punto de embarque cercano es la rampa del puente Somo-Pedreña.

MAREA: se recomienda aprovechar una jornada con coeficiente mayor de 75-80.

DIFICULTADES: ninguna, salvo que en el largo inicial entre el puente de Somo y el primer recodo, en días de fuerte viento sur, la superficie del agua puede presentar un oleaje muy fuerte y desordenado que podría dificultar mucho la navegación. Afortunadamente esto es algo que podemos comprobar de antemano (salvo que el cambio de tiempo aparezca repentinamente al regresar, cosa poco habitual).

PARTICULARIDADES:

NARRACIÓN: la inclusión de esta ruta en "Mareando" no responde a una excursión concreta realizada con dicho fin. El recorrido del Cubas es un escenario habitual para mí al que acudo frecuentemente en solitario, con amigos y familiares. Me encanta el lugar y el trazado completo, me queda cerca de casa y me permite hacer ejercicio de piragüismo en cualquier época del año, casi con todo tipo de clima y a solas, sin asumir riesgos innecesarios. La ría de Cubas en realidad es el tramo final y la desembocadura del río Miera, ese que nace en el circo de las montañas de Lunada. Allí he llevado a muchas personas para iniciarse en un piragüismo seguro y agradable o simplemente para disfrutar de una tarde fantástica. Lo he recorrido con niños, con perro, en grupo pertrechado con un pic-nic sibarita que incluía hasta cava frío. Llevo remando por allí habitualmente desde hace unos 30 años, y aunque la mayoría de las veces lo hago con mi kayak de mar, también he utilizado nuestra canoa-kayak doble, una "struer" de pista o algunas otras embarcaciones. En invierno es más fácil ver animales, especialmente aves de muy diferentes tipos. Patos, cisnes salvajes, garzas y garcetas son habituales, pero algún año hemos tenido la visita de barnaclas carinegras e incluso de alguna espátula. Los martines pescadores te amenizan la remada si estás atento a las riberas cuando estas se tornan ya frondosas. Y los peces salta por doquier al lento paso del barco. En su mayoría mules, que en la parte alta son auténtica congregación. Un par de veces he visto galápagos reposando en algún tronco y zambulléndose a mi paso. Ignoro si serán autóctonos o procedentes de alguna "liberación" de mascota de hogar, el caso es que ya mostraban un tamaño notable. Pero nada se le acerca a cuando mi amigo Jesús (otro asiduo), se topó con un corzo cruzando el río a nado, y demostrando que conocía muy bien por dónde salir de él para introducirse en su familiar espesura vegetal. Entre mis preferencias están los días soleados y calmados del invierno y los atardeceres dorados del otoño, cuando se puede cortar el oscuro espejo del agua con la proa, deslizándose uno sobre un firmamento de hojas secas que flotan recién caídas. Tampoco ha estado mal finalizar el regreso de noche con la luna llena responsable de las mejores pleamares y hasta dos días en los que una densa niebla se formó repentinamente en el último tramo, convirtiendo la navegación en una aventura de hipersensibilidad.