BAHÍA DE SANTANDER C: RÍA DE SOLÍA

Esta ruta puede vincularse al resto de opciones de "Bahía de Santander" (A, B...).

LONGITUD: 5,5 km (ida).

ITINERARIO: En Pontejos, entre el club de remo y un pequeño astillero disponemos de dos explanadas (una elevada junto a la carretera y otra más baja junto al citado club), donde poder aparcar con comodidad. Dichas explanadas tienen un inmediato acceso a una rampa directa al agua en la que se puede desembarcar. Todo ello nos deja en la orilla este de la ría principal, justo en frente de la localidad de El Astillero, su puerto deportivo y parte de las instalaciones de sus astilleros. Desde allí remamos rumbo al sur, en dirección al puente  que cruza la ría. A la derecha podemos observar un cargadero antiguo como muestra de la actividad industrial y portuaria de la localidad, en forma de lo que actualmente se denomina arqueología industrial. Pasado el puente, a mano derecha, veremos las instalaciones (naves y embarcadero) del club de remo Astillero y enseguida, una curva que nos mete en la ría de Solía. En este punto, el ancho curso de agua que llevábamos se encuentra con una bifurcación en forma de "T" en la que el ramal de la derecha (oeste) es el que nos interesa aquí, y el de la izquierda (este) nos llevaría otra ría. Podemos distinguir bien la opción elegida porque remaremos bajo el doble puente de una autovía y otro mucho más liviano correspondiente a la línea de ferrocarril de vía estrecha. Iniciamos un gran largo caracterizado por dejar un borde edificado de la localidad de El Astillero a nuestra derecha y poder ver la sierra de Peña Cabarga a la izquierda. El largo nos hará pasar sucesivamente por otros dos puentes: el primero, de piedra, y de tres ojos, corresponde a la antigua carretera de acceso a la localidad procedentes de Bilbao; y el segundo es una corroída estructura ferruginosa que da servicio a una de las dos vías verdes que parten de una bifurcación localizada en Astillero, apenas pocos metros antes de tal puente. Para continuar remando, aunque con coeficiente de marea elevado no vamos a encontrar problemas, si que conviene "leer" la superficie del agua (por lo general completamente tranquila) para tratar de evitar bancos de arbustos sumergidos que pueden a ratos hacer nuestra marcha menos fluida. Aunque parezca mentira, desde aquí nuestro entorno aparece como completamente verde a la vista, pese a encontrarnos en un área que en realidad es un auténtico nudo de comunicaciones y con bastante densidad industrial. Pero es que la vía verde de nuestra derecha da un respiro de espacio, y ambas riberas se caracterizan por cierto margen de prados, arbolado que flanquea la orilla, y mucha vegetación ribereña. Aunque el primer largo finaliza en una leve curva, es algo más tarde cuando trazaremos un evidente viraje para tomar dirección suroeste. Antes de allí alguna caseta de observación de aves podría servirnos para apoyarnos y descansar saliendo de la embarcación, pero a mitad de camino del siguiente largo podemos encontrar dos hileras paralelas de pilares de otro antiguo puente, que facilitan mucho más esta posibilidad de parada. Desde allí conviene estar algo atentos a qué trazado escoger en el avance porque cada vez hay mayor presencia de vegetación aflorando en la superficie. En general lo acertado es remar por la parte "exterior" de cada curva o meandro. Encontraremos dos muy seguidos, tras los cuales el curso se va estrechando notablemente y la vegetación va aumentando, hasta finalmente dejar un canal estrecho por el que navegar. Ese canal se ensancha un poco al llegar a los pilares de otra autovía. Allí es fácil desembarcar y aquello supone el final del recorrido, pues aunque se puede seguir avanzando un poco más arriba, el estrechamiento y la vegetación son tales, que no permiten dar la vuelta con la embarcación, de forma que lo poco que se avance subiendo, deberá después descenderse de espadas. El recorrido completo a la inversa, nos devolverá al punto de partida.

EMBARQUE-DESEMBARCO: la rampa cercana al pequeño astillero de Pontejos, descrita en el itinerario es un punto ideal. Muy fácil, muy cómoda y con amplitud para varias embarcaciones y personas.

MAREA: se recomienda aprovechar una jornada con coeficiente mayor de 85.

DIFICULTADES: ninguna, salvo que en el largo inicial entre el embarcadero, el puente de Astillero y el primer recodo, en días de fuerte viento sur, la superficie del agua puede presentar un oleaje muy fuerte y desordenado que podría dificultar mucho la navegación. De hecho es viento allí nos daría de cara y acelerado por la presencia frontal de la sierra de Peña cabarga. Afortunadamente esto es algo que podemos comprobar de antemano (salvo que el cambio de tiempo aparezca repentinamente al regresar, cosa poco habitual) antes de embarcarnos, por lo que podremos valorar si iniciar la ruta o no.

PARTICULARIDADES:

NARRACIÓN: una fue la única vez que navegué por esta ría antes de esta ficha descriptiva. De hecho, su confección fue la razón de que me desplazase allí. Aunque el aspecto externo y de los alrededores no invitaban mucho a hacerlo, la razón principal es que me queda demasiado a desmano de mis puntos habituales de atraque como para acercarme en kayak hasta allí, ya que me exige unas horas de remada previa y posterior y además un preciso cálculo de marea que incluso puede que me hiciera tener que dar sendos rodeos de subida y bajada por los páramos de Pedreña al tener que recorrerlos sin disfrutar de las horas puntas de pleamar. Total, que la ría siempre ha estado allí, y yo sin ir. Hasta que una tarde nublada de agosto, ví la oportunidad de la marea y, sobre la marcha, me decidí a acercarme con el coche y recorrerla. Como no me dio tiempo de quedar con nadie, la completé en solitario, pero como era un estreno de exploración, resultó de lo más entretenido. En realidad la ría la he recorrido otras veces por la vía verde que la bordea paralelamente por su ribera norte, la cual algunos utilizan para correr, pasear o pedalear tranquilos, aunque yo personalmente para patinar. La parte industrial resulta entretenida por que va ofreciendo variedad con sus puentes y detalles, aunque no podemos calificarla, ni mucho menos, de bonita. El curso medio y alto es una garantía de tranquilidad y aislamiento verde que sorprende completamente. Merece la pena remar por allí de vez en cuando. En cuanto al acceso inicial: la ría de Astillero, tiene ambiente de paseantes, pescadores, barcos pequeños de recreo y habitualmente (no aquel día) entrenamientos de remo y piragüismo. En cualquier caso,  tendré que volver a explorar por allí al menos otras tres veces para futuros itinerarios.